El Marco Común Europeo de Referencia paralas lenguas (MCER), fue publicado en el año 2001 por el Consejo de Europa. Este
documento divide las competencias lingüísticas en seis niveles (A1, A2, B1, B2,
C1, C2), que pretenden ser una guía y referencia para la organización del
aprendizaje y la homologación de títulos a nivel europeo. Junto con este Marco,
se publicó también el Portfolio Europeo para las Lenguas (PEL), que consta de
tres partes (pasaporte de lenguas, biografía lingüística y dossier) y cuya función
no es otra que la de reflejar las aptitudes y capacidades lingüísticas del
individuo. En esta entrada os voy a hablar de mi experiencia académica y
personal con estos dos documentos.
Mi primera aproximación al Marco fue en 1º
de la ESO, es decir, 5 años después de su publicación. Ese año nuestra tutora
nos explicó qué era el MCER y cómo funcionaba, pero ninguno de nosotros prestó
especial atención. La emoción de la ESO se sobrepuso a lo que quiera que fuese
ese Marco Común. Dos años más tarde, en 3º de la ESO, nuestro profesor de
francés volvió a explicarnos, con más detalle el MCER y sus posibles
utilidades. Además, nos introdujo al Portfolio Europeo para las Lenguas,
repartiendo un librito a cada alumno. Ese año trabajamos el Portfolio,
describiendo nuestra experiencia con el francés, autoevaluándonos y recogiendo
en el nuestros trabajos de aula, pues según nuestro profesor nos iba a ser muy
útil en el futuro.
Durante este tiempo no entendía que
utilidad me podría ofrecer el Marco o el Portfolio y, a día de hoy, sigo sin
comprender la finalidad de este segundo. Mientras el Marco Común es ampliamente
utilizado en toda Europa (y también fuera de ella), raro es encontrarse a
alguien que conozca la existencia del Portfolio, y mucho menos alguien que lo
haya utilizado. Nosotros, como ya he dicho, llegamos a trabajarlo en clase,
pero una vez llegamos a la adultez, no encuentro el beneficio que nuestro
profesor nos dijo que aportaría. Nadie quiere ver un portfolio que indique tu
nivel autoevaluado, aunque presentes muestras de ello, hoy en día los niveles
de idioma solo sirven si están acreditados con un título oficial.
Por otro lado, el MCER se presenta como un
instrumento de medición de nivel de lengua. Para tener acreditado cierto nivel,
tienes que cumplir con los requisitos explicitados en el Marco. La organización
en niveles de las Escuelas Oficiales de Idiomas se basa en dicha explicitación.
Siendo esto así, cabe esperar que al entrar en la EOI exista alguien que
explique al alumnado qué es el Marco, cómo se divide y que cabe esperar del
nivel en el que se matricula. Sin embargo, al llegar a la EOI simplemente te
hacen un examen de nivel y te adjudican una clase. Muchos de los compañeros que
me he encontrado como estudiante de la EOI no sabían que significaba tener un
nivel A2, B1, etc. Solo conocían el orden de dichos niveles y que cuanto más
alto el nivel, mayores tus conocimientos. Si lo que se pretende con estos
documentos es crear conciencia lingüística y unos ciudadanos conocedores de su
progreso en materia de idiomas, las instituciones públicas deberían empezar por
explicar en qué basan su sistema de evaluación y asignación de nivel. Hoy en
día, siguen siendo muchas las personas que desconocen lo que implica tener un
nivel de lengua u otro.
Fuera de Europa, el año pasado tuve la
oportunidad de viajar a Canadá. Allí trabajé como auxiliar de conversación en
las escuelas bilingües español-inglés de Edmonton Public Schools (EPSB). Como
ciudadana europea y conocedora del MCER, y siendo el español una lengua
europea, al escribir esta entrada me dio curiosidad saber qué utilizaban allí
para medir el nivel de lengua del alumnado. Al ponerme en contacto con uno de
los responsables, me contó que hace unos 20 años EPSB y el Institute forInnovation in Second Language Education (IISLE) se movilizaron para llevar el
Marco a Edmonton: crearon un pasaporte de lenguas para el profesorado, los
formaron e informaron sobre las ventajas que el MCER aportaría al alumnado, les
enseñaron como hacer un portfolio, etc. Al principio el MCER tuvo buena
acogida, pero hoy en día los profesores se están alejando cada vez más del
Marco Común; tanto es así que los profesionales de EPSB e ISSLE, junto con Edmonton Catholic Schools, están trabajando para reinstaurar el Marco en las
escuelas bilingües.
Una vez dicho esto, me gustaría comentar
que, desde mi punto de vista, el mayor fallo cometido por estas instituciones
es el mismo que el que yo experimenté cuando estaba en el instituto: la falta
de información. En una de las escuelas que trabajé había
un grupo de alumnos preparándose para el examen de español del Instituto
Cervantes. A la hora de ayudarlos en su preparación, sabían indicar de qué
nivel se iban a examinar, pero no parecían conocer nada más allá de los
exámenes de muestra. Su preparación consistía en hacer exámenes de muestra una
y otra vez para así conocer todos los posibles temas, tanto de oral como de
escrito. Si tanto la profesora como el alumnado conocieran un poquito más de
cerca el Marco, podrían haber afrontado esta preparación de forma que no fuera
tan repetitiva y representase un aprendizaje significativo para el alumnado. Al
igual que en España con los exámenes de Cambridge, la falta de conocimiento de
lo que se requiere en un cierto nivel de lengua solo lleva a la repetición de
ciertas fórmulas que únicamente valdrán para aprobar un examen.
En conclusión, el Marco Común Europeo de
Referencia para las lenguas y el Portfolio Europeo para las Lenguas son dos documentos
que, en principio, deberían facilitar la medición de un nivel y el progreso de
adquisición de las lenguas. Sin embargo, debido a la desinformación de muchos
ciudadanos, no se utiliza todo el potencial de estos instrumentos. Aunque se
intente modernizarlos, como puede ser la digitalización del Portfolio, el
primer paso para su implantación en colegios, institutos y EOIs debe ser
proveer una buena información a su público objetivo.

