Encontrar un método de enseñanza para un
aprendizaje efectivo ha sido, desde la estandarización de la educación, una de
las mayores preocupaciones de los docentes. A lo largo de la historia han
surgido decenas de métodos de enseñanza. Muchos han evolucionado, adaptándose
con el tiempo, mientras que otros se han quedado obsoletos, incapaces de
ajustarse a las nuevas necesidades del alumnado. En el campo de las lenguas
extranjeras, los métodos de enseñanza son muy diversos y numerosos, variando entre
tácticas tan diversas como el más absoluto de los silencios por parte del
docente, o el uso únicamente de la traducción como herramienta de aprendizaje.
En esta entrada os voy a hablar de tres de los que fueron expuestos en clase.
El método
comunicativo tiene como máxima de aprendizaje y objetivo principal
la interacción en la lengua meta y la competencia comunicativa. Los métodos
para alcanzar este objetivo son diversos, y entre ellos destacan las diferentes
actividades que permiten al alumnado trabajar con la lengua, como pueden ser
los roleplays, textos con preguntas de comprensión lectora, o actividades en
pareja para practicar el habla. Cabe destacar, que este método tiene preferencia
por el uso de materiales reales, pues estos permitirán un mayor acercamiento a
la lengua meta. En el método comunicativo, el docente tiene un papel de guía;
es un método puericentrista, en el que el alumnado es responsable de su propio
aprendizaje y el docente actúa como facilitador en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
En este método, el alumnado interactúa entre sí y con el docente con el fin de
que todos aprendan de todos y así alcanzar un aprendizaje significativo. En
cuanto a las críticas, la más destacable es que aprender hablando no significa
aprender la gramática de la lengua. Si bien es cierto que saber comunicarse es
importante a la hora de aprender un idioma, igual de importante es la
corrección con la que nos comunicamos. El método comunicativo da nociones de
gramática, pero se centra más en la inducción y pretende que el alumnado
aprenda la mayor parte a través del uso de la lengua, lo cual no puede
garantizar buenos resultados.
Por otro lado, el método
del silencio se asemeja al anterior en cuanto a que busca el uso y
práctica de la lengua para un aprendizaje significativo. Sin embargo, a su vez,
es bastante diferente. El método del silencio está orientado a la resolución de
problemas por parte del alumnado, pues considera el aprendizaje como un proceso
de crecimiento no solo académico, sino también personal. El docente tiene un
papel bastante pasivo en este método, pues no debe pronunciar palabra durante
las sesiones, dejando que el alumnado descubra, por sí mismo, cómo deben hacer
las cosas. Para conseguir esto, el docente utiliza diversos materiales, como
pueden ser los cuadros Fidel, para enseñar al alumnado cómo pronunciar el idioma;
las regletas de colores Cuisenaire, para que puedan asociar palabras y
estructuras en el idioma meta; o los cuadros de vocabulario, codificados con
los mismos colores que los cuadros Fidel para no tener problemas a la hora de
pronunciar. Este método, que en un principio parece muy innovador y pretende
promover la autonomía del estudiantado, me parece abocado al fracaso: ¿cómo
puede un o una estudiante aprender una lengua sin ningún tipo de input por parte del docente? Incluso los
estudiantes de idiomas autodidactas buscan input
y alguien o algo que les ayude a asegurarse de que lo que están haciendo está
bien. Para poder aprender un idioma con eficacia el estudiantado necesita de
un/a guía que los ayude en ese largo recorrido.
Finalmente, el aprendizaje basado en
proyectos (ABP) es uno de los métodos educativos más recientes. En
este método prima la autonomía del estudiantado; al igual que el método
comunicativo, es puericentrista y el docente tiene el papel de ser guía y
facilitador del aprendizaje. El método se caracteriza por tener un diseño
abierto y flexible, pues es adaptable a casi cualquier tipo de aprendizaje y
situación; además es interdisciplinar (pueden trabajarse varias asignaturas con
un solo proyecto) y pretende tener cierto impacto social, es decir, a través de
los proyectos el alumnado contribuye de alguna manera a la sociedad de su
entorno más cercano. El ABP consiste en ofrecer un tema de investigación al
alumnado para que ellos, en grupos reducidos y a partir de ese tema,
desarrollen proyectos innovadores, diseñando todas las tareas, colaborando y
cooperando para poder llevar el proyecto a cabo en el tiempo establecido. Estos
proyectos pretenden que el alumnado conozca y trabaje sobre los contenidos del
currículo de modo que tengan para ellos algún tipo de sentido y significado
para sus viadas diarias. Es decir, pretende ser significativo y acabar con la
noción de que “lo que aprendo en la escuela nunca lo voy a usar fuera de ella”;
además, pretende también capacitarlos para enfrentarse a un futuro laboral
inestable y cambiante. Por otro lado, este método no está libre de críticas. El
ABP es un proyecto ambicioso que requiere de mucha capacidad de concentración y
organización por parte del alumnado, lo que se traduce en una imposibilidad de
hacer más de un proyecto al mismo tiempo, pues el alumnado se sentiría
demasiado abrumado. Además, también me gustaría destacar que el ABP es un
método tan complejo que incluso existen páginas
web de diferentes autonomías explicando, no solo lo que es, sino
también cómo implementarlo.
En resumidas cuentas, los métodos de aprendizaje son muchos y muy variados. En esta entrada os he hablado sobre solo tres de los expuestos en clase por nuestras compañeras. De entre estos tres métodos, si tuviera que escoger uno para mi futura docencia, me quedaría con el ABP. El ABP es un método muy complejo y difícil de llevar a cabo, pues requiere de muchos conocimientos y una excelente gestión del aula; sin embargo, creo que si consiguiéramos hacerlo, el éxito y el aprendizaje del alumnado podría ser mayor que con cualquiera de los otros dos.


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