En
los últimos años, la ley de educación ha cambiado casi con cada cambio de
gobierno. Como resultado, tenemos actualmente dos leyes vigentes, la Ley Orgánica de Educación (LOE), propugnada por el PSOE en el año 2006, y la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), propugnada por el PP
en el año 2013. La segunda pretende rellenar las “carencias” de la primera y,
así, mejorarla. En esta entrada haremos un análisis comparativo de los
pormenores de ambas leyes en materia de lenguas extranjeras, observando
diferencias y similitudes, para así, desde mi experiencia, discernir hasta qué
punto se han cumplido los objetivos de cada ley.
Si
analizamos la visión de educación que tiene cada ley, nos damos cuenta de que
presentan dos concepciones de educación completamente diferentes. En un primer
vistazo puede parecer que ambas buscan una educación centrada en el estudiante,
que lo prepare para la vida social y el pensamiento crítico. No obstante, a
medida que avanzamos en la lectura de los preámbulos nos damos cuenta de que
solo una de las dos leyes realmente sigue esta filosofía: la LOE busca crear
ciudadanos sociales, culturizados y críticos, mientras que la LOMCE parece
proponer es la creación de futuros empresarios y trabajadores que tendrán como
misión levantar la economía del país.
El
campo de las lenguas extranjeras, aparecen ya mencionado en los preámbulos de
las leyes, sin embargo, la alusión y la forma en la que se trata es muy
diferente.
Por
una parte, la LOMCE hace referencia a las lenguas extranjeras, concibiendo la posibilidad de incluir en el currículo
hasta tres diferentes. Los idiomas extranjeros se conciben como algo altamente
prioritario en educación: en la sociedad globalizada en la que vivimos, todo
ciudadano debería dominar al menos una lengua extranjera. El plurilingüismo se
presenta, así, como algo fundamental para crear una Unión Europea unida y cohesionada.
En
un principio, y como estudiante de lenguas, me pareció muy loable tal interés
por los idiomas, sobre todo porque en el preámbulo de la LOE casi ni se
mencionan. No obstante, a medida que avancé con la lectura, me di cuenta de que
esta inclinación a las lenguas seguía teniendo el mismo carácter económico y de
empresa que predomina en todo el texto. La LOMCE plantea el conocimiento de
idiomas como una ventaja competitiva para el alumnado: a mayor número de lenguas
conocidas y dominadas, mayor posibilidad de alcanzar un mejor puesto de trabajo
con su consecuente subida de salario.
Por otro lado, el preámbulo de la LOE hace
una pequeña mención a las lenguas extranjeras, simplemente comentando que estas
empezarán a estudiarse en el segundo ciclo de la educación infantil. Es decir,
cualquier alumno o alumna que elija (o sus familias) estudiar esta etapa no
obligatoria entrará en contacto con el idioma extranjero a los 3 años de edad. Así,
parece lógico que los estudiantes empiecen a estudiar idiomas extranjeros a una
edad temprana, puesto que está demostrado que los idiomas se asimilan más
fácilmente cuanto más jóvenes seamos. A
diferencia de la LOMCE, esta ley, en principio, no relaciona la enseñanza de
lenguas con ningún tipo de motivo (económico, social, etc.), sino que
simplemente las menciona como una asignatura más del currículum, como pueden
ser las matemáticas, las ciencias o la propia lengua castellana.
Así,
la LOE busca una educación centrada en el propio país y su cultura, pero
siempre creando ciudadanos europeos. De esta manera, la LOE propone los idiomas
como un medio de comunicación y conocer nuevas culturas. Por otro lado, la
LOMCE tiene un tinte claramente económico, promoviendo una educación basada en
un sistema de recompensas y beneficios. Este sistema no hace sino fomentar la
competitividad entre el alumnado, preparándolos para poder defenderse en un
futuro mercado laboral.
Fuera
de la educación obligatoria, me gustaría destacar la falta de mención de las
Escuelas Oficiales de Idiomas, sobre todo en la LOMCE. La Escuela Oficial de
Idiomas tiene su propio currículo, al igual que las diferentes etapas de la
educación obligatoria y post-obligatoria, y, de igual manera, este se basa
también en las leyes de educación vigentes. Sin embargo, al contrario que con
la educación obligatoria y post-obligatoria, a las que se dedica gran parte de
la legislación, la LOE le dedica únicamente 4 artículos a esta enseñanza de
idiomas, mientras que en la LOMCE solo aparecen mencionados los diferentes
niveles en los que se organiza la enseñanza de idiomas. He querido destacar
este pequeño detalle porque me parece importante que ya que estas leyes están
hechas para regular la educación en España, deberían hacer mención y otorgar la
misma importancia a todos los niveles educativos tanto obligatorios como
post-obligatorios o enseñanzas de idiomas, artísticas, deportivas, etc.
En
resumen, LOE y LOMCE son dos leyes que, en principio, deberían partir de una
misma base, puesto que la segunda es una revisión de la primera. Sin embargo
podemos observar diferencias bastante notables en aspectos diversos. Entre
estos, cabe destacar el modo tan diferente de enfocar el sistema educativo, lo
cual, a su vez, se traduce en un enfoque muy diferente en la enseñanza de
idiomas.


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